1.  introducciOn

 

 

La base para el desarrollo de un sector productivo como el agrícola se sustenta en la generación de una tecnología propia y acorde con los requerimientos dados por las ventajas y limitaciones del entorno donde esta actividad se realiza.

 

El palto (Persea americana Mill.) es un frutal de hoja persistente, cuya superficie plantada en Chile se ha visto incrementada fuertemente en los últimos años, llegando a 16.919,4 ha en la temporada 1996-1997 (INE, 1997), debido entre otras razones al desarrollo actual y potencial de nuevos mercados, a la posibilidad de cultivarlo en zonas no aptas para otras especies y a una mayor difusión de sus propiedades nutritivas lo que ha provocado un interés creciente por este fruto lo que se ve traducido en el aumento de su consumo.

 

Es así como el palto ha comenzado a tener cada vez mayor importancia en las zonas templadas y en la fruticultura en general.  En Chile, las condiciones ecológicas existentes para el cultivo de esta especie junto con la buena coordinación de productores y exportadores ha permitido ubicarnos como uno de los principales productores y exportadores del mundo, destacándose además la calidad de la palta chilena. 

 

El palto es una especie que sólo se encuentra medianamente evolucionada.  Esto se demuestra por características como: árboles de gran tamaño; crecimiento vegetativo traslapado con la floración; floración profusa, irregular y prolongada; potencial productivo bajo; tamaño de la semilla grande.  Por esto se hace necesario que instituciones y privados patrocinen y financien proyectos de investigación tendientes a mejorar la productividad y calidad del cultivo.  Basándose en esto, surge la idea de realizar este taller que busca dar solución a problemáticas que se presentan hoy en la producción de este frutal y consta de dos partes:

 

- La primera, se desarrolla en la producción de plantas de palto de los cultivares Edranol y Bacon.  Estas variedades presentan el inconveniente de florecer en el vivero antes de ser comercializadas.  Esto no es deseable, pues si florecen profusamente botan sus hojas, gastando así sus reservas, teniendo por consiguiente una menor brotación en los huertos.

 

- La segunda parte, tiene su base en el problema que presenta la variedad Edranol en plantaciones comerciales. Esta florece en forma muy abundante provocando una abscición de hojas de las ramillas donde se encuentran estas flores, con lo cual, la cuaja final de frutos se ve reducida en forma considerable al no tener hojas que sustenten su desarrollo.

 

Existen fundamentados registros que las giberelinas provocan una inhibición de la iniciación floral tanto en frutales subtropicales como en frutales de hoja caduca.

 

De acuerdo a lo anterior el siguiente estudio, mediante el uso de ácido giberélico tiene como objetivos:

 

·     Inhibir la floración en paltos de vivero en las variedades Bacon y Edranol.

 

·      Reducir la intensidad de floración en paltos adultos de la variedad Edranol.

 

·      Adelantar o retrasar floración en paltos adultos de la variedad Edranol.

 

 


2. REVISION BIBLIOGRAFICA

 

 

2.1. Características del palto:

 

El palto (Persea americana Mill.) es una especie perteneciente a la familia Lauraceae, que al igual que otras 50 especies de Persea, es nativa de México y Centro América (CHANDLER, 1964).

 

Esta especie puede adquirir un tamaño considerable, llegando en plantas adultas a tener una altura de 8 a 10 metros y un ancho de 10 a 12 metros (ALVAREZ DE LA PEÑA, 1979).

 

Existen tres razas o variedades botánicas en las que se agrupa  a los paltos, según su zona de origen: “Mexicanas”, “Guatemaltecas” y las “Antillanas”.  Estas presentan características particulares que las hacen distinguibles unas de otras (GARDIAZABAL y ROSENBERG, 1991).

 

Las siguientes características fueron recopiladas por BERGH (1969):

a. Raza mexicana.  Las hojas poseen olor a anís; sus enveces son más glaucosos.  Las flores son generalmente más pubescentes; la floración es más temprana en la temporada (otoño a primavera en California).  Fruta pequeña.  La piel de la fruta es delgada a membranosa, raramente sobre los 0,75 mm.  La semilla es relativamente grande a muy grande, y a menudo suelta.  La pulpa de la fruta comunmente varía de rica a fuerte en sabor, algunas veces con aroma a anís; a menudo fibrosa.  Madura alrededor de seis meses después de floración.  Es la raza de palto más resistente al frío; también es la más resistente a calor y humedad baja.  Es la menos tolerante a suelo salino.  Raramente crece bien en áreas costeras.

 

b. Raza antillana.  Las hojas no poseen ningún olor a anís.  Los frutos son pequeños a grandes.  La piel de la fruta es como cuero, raramente sobre los 1,5 mm.  La semilla es relativamente grande; algunas veces suelta en su cavidad.  La pulpa es de sabor suave aguado; con menor contenido de aceites que las otras dos razas.  La fruta mdura cerca de seis meses después de floración.  Es la raza menos resistente al frío y a la baja humedad, no se adapta en California.  Es la raza más tolerante a salinidad, ya sea como portainjerto o como variedad.  En el punto de unión de la fruta, los pedicelos tienen una configuración única de “cabeza de garra”.

 

c. Raza guatemalteca.  No posee olor a anís en las hojas.  El follaje joven es comúnmente rojizo.  Los frutos son pequeños a grandes.  Posee una adaptación y tolerancia a suelo y clima intemedia entre las otras dos razas.  Generalmente, la piel del fruto es gruesa similar entre cuero y madera, algunas veces sobre 6 mm.  Además, en tanto que en esta raza se encuentra casi todos los grados de tamaño de semillas, tiene más genes para un tamaño relativamente pequeño de semilla, la cual casi nunca está suelta.  La fruta puede requerir un año para madurar (y hasta 18 meses en el clima menos tropical de California).

 

 

2.2. Descripción de las variedades:

 

La variedad Edranol es un híbrido entre las razas guatemaltecas y mexicanas.  Corresponde a árboles delgados pero más ancho que Bacon y Zutano.  Su fruto es de excelente características organolépticas, de piel verde y buena relación pulpa semilla resistiendo aparentemente hasta -3,3ºC como temperatura mínima y se cosecha entre septiembre y noviembre.  Sin embargo, es un mal productor o presenta producciones erráticas incluso entre localidades cercanas.  Es un muy buen polinizante de la variedad Hass junto con Zutano (GARDIAZABAL, 1996)*.

 

La variedad Bacon se originó en California en donde se le cultiva en aquellas zonas de clima demasiado frío.  Sufruta resiste hasta -4,4ºC.  Es una palta verde cuando madura, fenómeno que se produce poco antes que en la variedad Fuerte, julio a septiembre.  El árbol es vigoroso, precoz, muy cargador y erecto.  Además, es un buen polinizante de la variedad Hass aunque en menor grado que Edranol y Zutano (GARDIAZABAL y ROSENBERG, 1991).

 

2.3. Fenología del palto:

 

La fenología describe los patrones cíclicos de crecimiento que se dan en los árboles anualmente.  También permite reconocer interacciones competitivas entre los variados componentes del mismo (VERHEIJ, 1986).

 

WOLSTENHOME y WHILEY (1990) definen la fenología como la relación entre el clima y fenómenos biológicos periódicos.  Los árboles muestran fases de desarrollo (fenofases) a medida que pasa una estación.

 

Según PALMA (1991), la aproximación fenológica de los eventos evidencia una interacción permanente del crecimiento vegetativo, radicular y reproductivo.  La interpretación de la influencia en los eventos del comportamiento productivo del árbol es fundamental para lograr óptimos niveles de manejo.

 

2.3.1. Crecimiento vegetativo

 

Los paltos de la variedad Fuerte, bajo las condiciones de Palmwoods, Queensland, Australia (latitud 27º sur), presentan dos flush vegetativo de importancia en una temporada de crecimiento completo, cada uno de ellos seguido por una intensificación del crecimiento de la raíz.  El primero comienza en la primavera, hacia el final de la floración entre finales de julio y los últimos días de noviembre, observando un peak a inicios del mes de septiembre.  El segundo, ocurre en los meses de verano desde diciembre hasta abril, con un peak a fines de febrero.  Durante los meses de mayo y junio no se observa actividad vegetativa (WHILEY et al., 1988).  Un crecimiento vegetativo coincide con el final de la floración y el otro ocurre justo antes de la iniciación floral en otoño (SCHOLEFIELD, SEDGLEY y ALEXANDER, 1985).

 

TAPIA (1993), también señala la existencia de dos períodos de crecimiento vegetativo en el cultivar Fuerte, medidos en la zona de Quillota (32º50’ latitud Sur y 71º13’ latitud Oeste), Chile.  El primero registrado en primavera fue de mayor intensidad que el de otoño.

 

HERNANDEZ (1991), experimenta con el cultivar Hass en Quillota, Chile y describe que el desarrollo vegetativo presentó dos flush de crecimiento, uno de mayor intensidad en primavera (8 de octubre a 25 de diciembre) y otro de menor intensidad en verano-otoño (29 de enero a 5 de junio).

 

2.3.2 Crecimiento radicular

 

La interdependencia entre raíces y brotación produce un patrón cíclico en las brotaciones de los paltos.  Cuando la relación entre los nuevos brotes y raíz aumenta a favor de los brotes, el crecimiento vegetativo declina y el crecimiento de la raíz aumenta recuperándose el balance. El ciclo entonces se repite (WHILEY et al., 1988).

 

El crecimiento de la raíz de los paltos es determinado principalmente por la temperatura del suelo.  La temperatura mínima sobre la cual se registra crecimieno radicular es de 18ºC.  En gran parte de las zonas productoras de paltas, se registran temperaturas bajo el límite crítico a nivel de suelo durante el período invernal (WHILEY et al., 1988).

 

El crecimiento radicular bajo las condiciones de Australia presenta dos flush.  El primero se inicia a mediados de septiembre, al mismo tiempo que el crecimiento vegetativo del primer flush desciende.  El peak ocurre a fines de noviembre, momento en que la actividad vegetativa es baja, y finaliza en los últimos días de diciembre, cuando se inicia el segundo flush vegetativo.  El segundo flush radicular se extiende desde febrero hasta abril con un peak a fines de marzo (WHILEY et al., 1988).

 

En paltos del cv. Fuerte, bajo las condiciones de Quillota, Chile, el desarrollo radicular se extiende desde mediados de octubre hasta fines de marzo en su primer flush, y desde principios de abril en adelante para el segundo flush, el cual fue menor que el primero (PALMA, 1991).

 

HERNANDEZ (1991), trabajando con paltos del cultivar Hass, bajo las condiciones de Quillota, Chile, afirma que el desarrollo radicular ocurrió entre el 31 de octubre y el 16 de junio, mostrando aparentemente un solo flush de crecimiento.

 

2.3.3 Desarrollo reproductivo

 

El crecimiento reproductivo comienza después de un corto período de semireceso del árbol con un desarrollo del brote, antesis y formación del fruto.  La floración es un evento de importancia en la fenología del palto, contribuyendo en un 8% a la producción total de materia seca en un ciclo completo de crecimiento (CAMERON et al., 1952).  Los órganos florales incrementan el potencial de pérdida de agua del árbol en un 90% y demandan las reservas de carbohidratos y nutrientes que tiene el árbol (GARDIAZABAL y ROSENBERG, 1991).  La floración parte casi al mismo tiempo que el crecimiento vegetativo de primavera, este es un período de traslape e intensa competencia por los nutrientes, elementos minerales y agua (WOLSTENHOLME y WHILEY, 1989).

 

PALMA (1991), describe una curva de desarrollo floral para el cv. Fuerte en Quillota, Chile, la cual alcanza su máximo peak el 31 de octubre, llegando a su termino el 11 de diciembre.

 

En el caso del cv. Hass en Quillota, Chile, la floración se concentró entre el 21 de octubre y el 13 de noviembre, paralelamente al flush de crecimiento vegetativo de primavera y a un escaso desarrollo radicular (TAPIA, 1993).

2.3.4. Cuaja y caída de frutos

 

La cuaja, depende del éxito de la polinización y posterior fertilización del óvulo en la flor.  La polinización es definida como la llegada del polen al estigma del pistilo.  Bajo condiciones óptimas, el estigma es encuentra receptivo y el polen germina, produciendo un tubo polínico, el cual crece a través del estigma, estilo y ovario, llegando al óvulo.  La fusión del tubo polínico con el óvulo se conoce como fertilización.  El producto de la fertilización es el embrión, iniciándose así el crecimiento y desarrollo del fruto (LOVATT, 1997).     

 

El éxito de la formación de frutos durante los primeros 60 días posteriores a la floración depende de la disponibilidad de los fotosintatos almacenados y la fotosíntesis del momento (brotes de hojas maduras en verano) y del tiempo de transición de sink a fuente de los brotes que se renuevan en primavera (WHILEY, 1990). 

 

EL crecimiento vegetativo de primavera es particularmente detrimental para la retención de fruta en cultivares vigorosos de paltos como ‘Fuerte’.  El balance final entre vegetativo y reproductivo se vuelca en favor del crecimiento vegetativo (EMBLETON y JONES, 1964).  Sin embargo, la renovación del crecimiento de brotes durante la primavera es necesaria para el desarrollo secundario del fruto (WHILEY, 1990).

 

Un arbol maduro de palto puede llegar a producir millones de flores cada temporada; sin embargo, las producciones usualmente alcanzan sólo unos cientos de frutos maduros (DEGANI et al., 1986).  BLUMENFELD y GAZIT (1974) señalan que la cantidad de fruta que cuaja es menos de un 0,1%, siendo levemente inferior al 0,2% que obtuvo TAPIA (1993) en su trabajo sobre paltos cv. Hass.

 

La fruta que cae de los paltos puede ser dividida en dos categorías.  Una es la fruta en la cual la polinización ocurre, pero no así la posterior fertilización y la otra proviene de flores en las que la polinización y fertilización suceden, dando como resultado una semilla y embrión normal (LOVATT, 1990).  Un 90% de las flores y frutitos que caen una semana después del término de la floración no han sido fertilizados (sedgley, 1980).  

 

Inmediatamente después de la cuaja, hay una caída de frutos que han sido pobremente polinizados, con una alta proporción de fruta que parece bastante normal.  Esta caída de fruta coincide con el crecimiento vegetativo de primavera, cuando ambos están compitiendo por la fuente limitada de recursos, ya reducidos por la floración (GARDIAZABAL y ROSENBERG, 1991). 

 

Bajo las condiciones de Australia, existen dos peaks de caída de fruta.  El primero ocurre después de cuaja.  La segunda caída de frutos se produce temprano en verano.  Está asociada con un flush vegetativo resultando en una competencia entre las dos formas de crecimiento por las reservas del árbol.  Estos hechos marcan los dos períodos de competencia en el ciclo de crecimiento que afectan directamente a la productividad (WHILEY et al., 1988).

 

En Israel, BLUMENFELD y GAZIT (1974), advirtieron tres ondas de caída de fruta en paltos del cv . Fuerte.  la primera ocurre durante los primeros diez días después de cuaja; la segunda, en el mes posterior y la tercera en verano.

 

En Chile Hernandez (1991), describiendo el ciclo fenológico para la variedad Hass en la zona de Quillota, Chile, advirtió sólo un peak de caída, el cual alcanza su máximo un mes después de la antesis.  TAPIA (1993), trabajando también con paltos del cv. hass, registró un sólo peak de caída, un mes después de floración; sin embargo, observó que si bien la segunda caída de frutos, que comenzo en febrero teniendo una duración de 14 semanas, se aprecia levemente en número, es mucho más significativa en peso, debido a que el tamaño de los frutos es mucho mayor.

 

Los frutos abscicionados han cesado su crecimiento a lo menos una semana antes que se produzca su caída (SEDGLEY, 1980) y presentan la cubierta seminal de color café (BLUMENFELD y GAZIT, 1974).

 

No existen razones anatómicas para explicar la alta tasa de caída de frutas que se produce post-polinización y se puede sugerir que la competencia sea el responsable de dicha abscisión.  Existe competencia no sólo entre los frutitos, sino también entre éstos y el crecimiento vegetativo (SEDGLEY, 1987).

 

En árboles con una alta carga, la caída de fruta, que coincide con el flush de crecimiento de verano, es el factor más limitante en la productividad del palto.  Esta es la última oportunidad que tiene el árbol de ajustar su carga.  Una de las causas más importante de esta caída de verano, cuando el árbol ha invertido de un 10 a un 40% del potencial de peso individual por fruto, es el “stress” de carbohidratos, lo que se suma a altas temperaturas y, algunas veces, a una demanda evaporativa también alta (WOLSTENHOME, WHILEY y SARANAH, 1990).

 

En un principio las hojas en desarrollo son un “sink” de nitrogeno más que una fuente.  Este “sink” vegetativo, probablemente, aumenta también la translocación a los “sink” reproductivos, por lo  que no sería este factor el que afecte la cuaja inicial.  Sin embargo, en etapas posteriores, se produce competencia entre el “sink” vegetativo y el reproductivo por el nitrógeno (ZILKAH et al., 1987).

 

Mientras los dos períodos vegetativos, el de primavera y el de otoño son competitivos con la retención y el crecimiento de los frutos, son esenciales a largo plazo para la productividad de los árboles (GARDIAZABAL y ROSENBERG, 1991).

 

2.4. Carbohidratos:

 

Los carbohidratos corresponden al 95% de la materia seca del fruto y en un árbol sano y bien regado, son el recurso que presenta mayores limitaciones al rendimiento del mismo.  El modelo de SCHOLEFIELD et al (1985) demuestra el impacto de la reserva de carbohidratos previo a la floración respecto del éxito de la formación de frutos.  Los factores que permiten la acumulación de esta reserva son la carga en ese momento y el tiempo que se deja la fruta en el árbol (WHILEY, 1990).

 

SCHOLEFIELD, SEDGLEY y ALEXANDER (1985), señalan que la alternancia de producción en el palto aparece relacionada a niveles de carbohidratos en el árbol.  Altos rendimientos luego de una alta acumulación de almidón durante el invierno anterior resulta en bajos niveles de almidón durante el siguiente año.  Los niveles máximos de carbohidratos se encuentran temprano en la primavera y declinan desde ahí hasta otoño.  Durante este período donde las reservas de carbohidratos disminuyen se lleva a cabo la floración, crecimiento del brote y desarrollo de los frutos para alcanzar un mínimo en otoño antes de la iniciación floral.

 

Bajo las condiciones de Queensland, Australia, las reservas de carbohidratos son más altas durante el invierno cuando el crecimiento es mínimo y son más bajas durante el verano.  El manejo del ciclo de crecimiento del árbol, para aumentar la productividad, es esencialmente el manejo de las reservas de carbohidratos  (WHILEY et al., 1988).

 

2.5. Inducción y diferenciación floral:

 

La formación de una flor o inflorescencia se explica como la consecuencia de una serie de cambios que se suscitan en el ápice meristemático contenido en una estructura denominada yema.  El punto de inicio de esta secuencia de eventos es la “inducción” floral definida como la condición fisiológica que determina la formación de los tejidos florales en el interior de la yema (RAZETO, 1992).  Dichos cambios fisiológicos, según MEYER (1960), son invisibles y dan como resultado condiciones metabólicas dentro de las células meristemáticas que alteran completamente el patrón de diferenciación del meristema.

 

Debido a la ausencia de cambios anatómicos en la yema inducida, este cambio ha sido denominado “diferenciación floral fisiológica” (LAVEE et al., 1966, AMLING  y AMLING, 1983) y puede sufrir una reversión a una condición vegetativa mientras no ocurra manifestación morfológica de partes florales (BERNIER, KINET y SACHS, 1981).

 

FAUST (1989), señala que la inducción floral es un cambio de la cualidad, que algunos afirman, es gobernado por un balance hormonal y otros lo atribuyen a un cambio en la distribución de nutrientes dentro del meristema apical.  Después que el estímulo ha sido recibido, el meristema es programado para formar flores.  No se conoce los componentes específicos que actuarían como mensajeros químicos para inducir el desarrollo floral.

 

El siguiente paso en el proceso de desarrollo floral es la “evocación”, corresponde también a un cambio fisiológico por el cual la condición floral de la yema se intensifica y se hace irreversible previo a la iniciación de los primordios florales (BERNIER, KINET y SACHS, 1981).

 

La “iniciación” floral es considerada como el primer cambio discernible en la transformación de una yema a botón floral (WESTWOOD, 1982), y por lo tanto a este nivel existe una manifestación morfológica del cambio previamente inducido (JACKSON y SWEET, 1972).

 

El desarrollo posterior es la “diferenciación floral” que corresponde al desarrollo dentro de la yema de las estructuras que darán origen a la flor y que por lo tanto implica cambios morfológicos e histológicos en el ápice.  Ella comienza con la formación de primordios florales a partir de tejidos meristemáticos y termina con la formación de todos los órganos florales en potencia, los que ulteriormente culminan su desarrollo en el momento en que la yema abre dando origen a la flor o al brote floral (brote mixto), según la especie (RAZETO, 1992).

 

 

En frutales de hoja persistente, como cítricos y paltos, la inducción de yemas florales ocurre dos a cuatro meses antes de la floración, y la diferenciación floral viene inmediatamente después, uno a tres meses antes que las flores abran; por lo tanto, la inducción y diferenciación es bastante cercana a la floración.  Sin embargo, en frutales de hoja persistente, la inducción floral ocurre como consecuencia del período de semilatencia, en el cual el árbol disminuye su actividad por bajas temperaturas (RAZETO, 1992).

 

En estudios realizados por SCHOLEFIELD, SEDGLEY y ALEXANDER (1985) en el sudeste de Australia la iniciación floral en el palto, se registra durante el otoño, poco después del crecimiento vegetativo de verano .  Así los niveles más bajos de carbohidratos se registran después del flush vegetativo de verano, y justo antes de la iniciación floral de otoño.  Por lo tanto, parece poco probable que el nivel de carbohidratos cause la iniciación floral.  Más bien, bajos niveles de carbohidratos pueden causar un cese de la actividad vegetativa y este hecho podría estar más relacionado a la iniciación floral.  El desarrollo de las flores en paltos cultivados en zonas templadas de Australia muestra una secuencia similar a la descrita en otras partes del mundo.  En general el período entre la iniciación floral y la antesis es más largo que lo observado en Florida, California y Sud Africa, debido probablemente a las temperaturas más bajas registradas en el invierno en Australia.

Según THORP, ASPINALL y SEDGLEY (1993), trabajando con paltos del cv. Hass en el sur de Australia (35º12’ S., 138º32’ E.), la iniciación floral ocurrió al final del otoño, pero solamente en las yemas de los brotes terminales (el último brote formado en un crecimiento terminal o axilar).

 

Bajo las condiciones subtropicales de Florida, en cultivares guatemaltecos y antillanos transcurren tres meses entre la iniciación floral en invierno y la antesis en primavera (SCHOLEFIELD, SEDGLEY y ALEXANDER, 1985).

 

SCHROEDER (1951), señala que los ápices redondeados de los meristemas axilares de las yemas, es el principal signo detectable de diferenciación floral, cuya posterior elongación lo transformará en el eje de las inflorescencias.

 

GONZALEZ (1994), investigó el proceso de formación floral en paltos del cultivar Hass y Fuerte en la zona de Quillota (32º50’ latitud Sur y 71º13’ latitud Oeste).  Los resultados indicaron que el período inductivo se inicia en mayo para el cultivar Hass y en abril para el cultivar Fuerte, prolongándose en ambas variedades hasta principios de agosto de lo cual se desprende que la formación de la yema floral comprende un tiempo aproximado de veinte semanas antes de la antesis.  El aporte de yemas florales de cada uno de los flush vegetativos, en el cultivar Fuerte, fue de similar magnitud, superando con creces a las yemas que se diferenciaron vegetativamente.  Sin embargo, en el cultivar Hass sólo el flush vegetativo de otoño contribuyó con yemas florales.  El estudio histológico además demostró que las yemas terminales florales corresponden en su mayoría al tipo mixta, generando un brote a partir de su meristema apical mientras que sus meristemas axilares se diferencian floralmente.  Sólo un reducido porcentaje desarrolla únicamente flores.  Por último, ambos seguimientos confirmaron la influencia que tiene la exposición cardinal en el número de yemas florales producidas y en la tasa de crecimiento de estas, siendo el sector norte el mayor contribuyente y donde el ritmode crecimiento es mayor.  Con respecto a las yemas provenientes del flush de crecimiento vegetativo de primavera, exiten tres posibilidades.  Primero, que estas se induzcan y diferencien durante el período de verano; segundo, que se induzcan en verano, pero que no lleguen a diferenciarse sino hasta otoño, o bien, tercero que simplemente permanezcan vegetativas induciéndose junto con las yemas provenientes del flush  otoñal.

 

Según JACKSON (1986), con respecto a los factores que inciden en la formación de la yema floral en palto, las temperaturas uniformes y cálidas (20ºC o menos), sin altos “peaks” benefician el desarrollo de dicha yema.

 

Según lo indicado por LOVATT (1986), se puede inducir floración mediante tratamientos de bajas temperaturas, pero no por déficit hídrico, ya que el tratamiento de stress hídrico, que es el mismo que se emplea para inducir floración en limonero, en paltos del cultivar Hass causa acumulación de amonio en las hojas y brotes llegando a un nivel tóxico, el cual se evidencia por la presencia en las hojas de tip-burn, necrosis marginal e incluso abscición, y en los brotes por muerte interna.  La explicación  fisiológica de este hecho, se basa en el mecanismo homeostático de destoxicación de amonio vía síntesis de arginina que poseen las plantas, el cual, en el caso del palto Hass, ante un problema de stress por deficit hídrico no funcionaría, pero si actuaría ante un stress térmico por bajas temperaturas.

 

 

2.6.  Teorías del control endógeno de la inducción y diferenciación floral:

 

2.6.1. Teoría del florígeno-antiflorígeno

Esta teoría, en sus inicios señalaba que el proceso de floración estaba simplemente controlado por presencia o ausencia de un único promotor hormonal, denominado florígeno; este concepto más tarde fue complementado con la existencia de un inhibidor floral o antiflorígeno (BERNIER, 1988).

 

Según lo experimentado, en distintas plantas que presentan respuestas fotoperiódicas, las hojas fotoinducidas serían supuestamente productoras de florígeno y el antiflorígenosería producido por hojas no inducidas (BERNIER, 1988).

 

Estos compuestos se moverían a través del floema junto con los asimilados y actuarían en el meristema.

 

Por lo tanto, la inducción floral puede ser gatillada cuando el balance de estos dos compuestos favorezca al florígeno (BERNIER, 1988).

 

2.6.2. Teoría de la señal eléctrica

 

Estímulos, tales como heridas o luz aplicados en una parte de la planta pueden ser transportados muy rapidamente, ejerciendo su efecto en otra zona de dicha planta.  La velocidad del transporte es tan alta que se excluye la posibilidad de un compuesto químico movilizado vía simplasto o floema (BERNIER, 1988).

 

Se sabe que la fotoinducción puede alterar las propiedades de las membranas y posiblemente el flujo de iones, porque se piensa que por lo menos parte del estímulo exportado por hojas inducidas puede ser una señal electroisiológica de rápido movimiento.  Sin embargo, todo intento por detectar la transmisión ha fallado (BERNIER, 1988).

 

2.6.3. Teoría de la diversión de nutrientes

 

Esta teoría postula que la inducción, cualquiera sea la naturaleza de los factores involucrados, es una modificación en la relación “source-sink” dentro de la planta; en tal caso el ápice recibiría una más alta concentración de asimilables en comparación a condiciones no inductivas (BERNIER, 1988).

 

2.6.4. Teoría del modelo de control multifactorial

 

Parte de la evocación y morfogénesis floral puede ser producida por aplicación de varios compuestos químicos, incluyendo carbohidratos, reguladores del crecimiento y antagonistas de reguladores de crecimiento (BERNIER, 1988).

 

BERNIER (1988), propone que varios factores promotores, están involucrados en el control de la iniciación floral, la cual ocurriría sólo cuando todos estos elementos estén presentes en el ápice en el momento y en las concentraciones adecuadas.

2.7. Factores que influyen en la inducción y diferenciación floral:

 

2.7.1. Factores exógenos

 

Según BERNIER (1988), los factores ambientales interactúan de tal manera que cada uno puede cambiar el valor umbral de otro.  Los distintos factores pueden actuar en sitios totalmente diferentes dentro de la planta y ser sumados sólo siguiendo una secuencia precisa.

 

Posiblemente, la interacción entre los procesos fisiológicos y los factores ambientales dan lugar al equilibrio hormonal endógeno apropiado que causa la iniciación floral (WESTWOOD, 1982).

 

2.7.1.1. Clima

 

La inducción floral en especies de zonas templadas depende mucho más de las variaciones estacionales del clima que en plantas tropicales.  Sin embargo, todas las plantas dependen de factores ambientales claros, como luz, temperatura, y gran cantidad de ellas también del fotoperíodo (WESTWOOD, 1982).

 

- Temperatura: la temperatura es uno de los principales factores que influye sobre el ciclo fenológico de las plantas, de modo tal que afecta significativamente la formación de la yema floral.

En términos específicos se relaciona con el mecanismo hormonal de la floración por diversos medios, como por ejemplo, influir en el ritmo de síntesis o de destrucción de los compuestos involucados, en la velocidad de traslado desde las hojas a los meristemas y en la efectividad de la hormona u hormonas en la ejecución de los cambios morfogénicos en los meristemas (MEYER, 1960).

 

En conección con lo anterior, en los frutales de hoja persistente, la inducción floral ocurre como consecuencia de una disminución de la actividad metabólica del árbol.  De hecho, en localidades de clima subtropical, es la latencia en la que entran los árboles a raiz de la baja temperatura invernal, la responsable de la inducción (RAZETO, 1992).

 

- Luz: la intensidad y duración de la iluminación son factores que ejercen una importante acción sobre la preparación de la floración (COUTANCEAU, 1964), puesto que es de aplio conocimiento que la floración y fructificación es menos abundante a la sombra que bajo plena luz (MEYER, 1960).

 

Al respecto, COUTANCEAU (1964) señala que una alta intensidad luminosa favorece la formación de flores en árboles frutales.

 

Es así como en el interior de un árbol con numerosas ramificaciones y excesiva densidad de ramillas, la iluminación es deficiente y la floración es nula en su interior, sólo la parte exterior de la canopia con iluminación suficiente presenta floración satisfactoria (COUTANCEAU, 1964).

 

Según JACKSON (1986), los efectos de la luz pueden ser las respuestas de las yemas a más baja fotosíntesis en hojas adyacentes y/o a un cambio en el balance hormonal.

 

Por otra parte, muchas plantas responden a la longitud del día llamado fotoperíodo; sin embargo, la inducción floral en la mayoría de las especies frutales no es dependiente de este factor (WESTWOOD, 1982).

  

2.7.1.2. Agua

 

JACKSON (1986) señala que una drástica disminución de la disponibilidad de agua en el suelo puede limitar la iniciación de yemas florales en muchos frutales.  Sin embargo, en cítricos se ha encontrado que es posible el control del momento de iniciación floral por suspención del riego.

 

Por lo tanto, limitados “stress” hídricos en ciertas plantas pueden provocar iniciación floral (COUTANCEAU, 1964).

 

En cambio, en una situación postinductiva, la yema, para lograr una óptima diferenciación, requiere de un buen abastecimiento de agua en el árbol.  Un déficit en cualquier momento del período de diferenciación floral puede determinar que ésta no se complete o lo haga sólo parcialmente (RAZETO, 1992).

 

2.7.2. Factores endógenos

 

2.7.2.1. Reguladores del crecimiento

 

Un regulador del crecimiento es una sustancia orgánica, natural o de síntesis, que tiene una influencia directa sobre los procesos fisiológicos de la planta a muy bajas concentraciones (DAVIES, 1987).  En general, los efectos producidos por los reguladores del crecimiento no son específicos y la misma sustancia puede afectar, de forma variada, diferentes procesos fisiológicos, dependiendo tanto de la naturaleza, concentración e interacciones de los reguladores del crecimiento.  Además el efecto depende del sitio de acción y de la condición en que se encuentra el tejido vegetal donde se produce su acción (MAGDAHL, 1991).

 

El estudio de las técnicas que permiten lograr una alta competitividad y eficiencia para mantener la rentabilidad del cultivo es hoy una necesidad en la agricultura.  Una de estas técnicas es el uso de reguladores del crecimiento para influir en los diferentes procesos fisiológicos del árbol (MAGDAHL, 1991).

 

- Giberelinas: las giberelinas son compuestos isoprenoides que poseen la capacidad única entre las hormonas vegetales reconocidas, de estimular el crecimiento generalizado de las plantas.  Con algunas excepciones por lo general estimulan la elongación de tallos mucho más que el de secciones escindidas de tallos, por lo que sus efectos son opuestos a los de las auxinas en este aspecto.  Todas las giberelinas son derivados del esqueleto de ent-giberelano.  Específicamente son diterpenos que se sintetizan a partir de unidades de acetato del acetil coenzima A en la ruta del ácido mevalónico (SALISBURY Y ROSE, 1994).

 

Las semillas inmaduras contienen cantidades relativamente elevadas de giberelinas en comparación con otras partes de la planta, pero se piensa que las hojas jóvenes son los sitios principales para la síntesis de giberelinas además de las raíces en las que también se sintetizan (SALISBURY Y ROSE, 1994).

 

Aplicaciones exógenas aumentan el tamaño de los brotes y longitud de entre nudos (GOLDSCHMIDT y MONSELISE, 1970; GUARDIOLA et al., 1980; KAWASE et al., 1987) y estimulan la expansión foliar (GUARDIOLA et al., 1980).  Parte de estos efectos pueden ser indirectos a causa de la reducción en el número de flores formadas en los tratamientos con ácido giberélico, ya que éstos inhiben la brotación de las yemas de flor, pero un efecto directo en el crecimiento de los órganos vegetativos es evidente ya que los mismos efectos se observan cuando las giberelinas se aplican localmente a un número limitado de brotes (SANZ y GUARDIOLA, 1988).  

El ácido giberélico suele ser antagónico con el proceso de formación de yemas florales.  No obstante, hay especies más sensibles que otras en este aspecto (RAZETO, 1992).

 

Las giberelinas han sido señaladas como inhibidoras de la iniciación floral en frutales de hoja caduca (SEDGLEY, 1990) y en algunos frutales subtropicales y tropicales como los cítricos (DAVENPORT, 1990) y mango (Kachru et al., 1972).  La inhibición de la floración por GA3 es normalmente asociada con la estimulación del crecimiento vegetativo.

 

El efecto inhibitorio y promotor de las aplicaciones exógenas de GA3 en la floración son dependientes de la especie, concentración y tiempo de aplicación (PORLINGIS and BOYNTON, 1961; GUARDIOLA et al., 1977; LORD and ECKARD, 1987; SCHUCH el al., 1990).

 

Según  MONSELISE (1985), las giberelinas actuarían principalmente sobre la evocación floral, o como lo señalan BUBAN Y FAUST (1982), sobre las primeras etapas de iniciación floral, más que sobre la inducción.  Aparentemente , por lo menos en cítricos, los efectos de las giberelinas estarían vinculados a particulares fracciones de proteínas.

 

Aplicaciones exógenas de giberelina, como GA3, inhibe la formación de la yema floral en muchas plantas leñosas (ZEEVART, 1976).

LOVATT et al. (1988) estudiaron la relación entre la floración, inducida por bajas temperaturas y sequía, y los contenidos foliares de amonio en árboles de limón “Frost Lisbon” de 16 años y en naranjos “Washinton Navel” de 5 años.  Según estos autores cualquier “stress” que inhiba el desarrollo vegetativo produce inicialmente una acumulación de amonio y que esto influye en la iniciación floral en cítricos.  Según MAGDAHL (1996)* , el nitrógeno dentro de la planta se encuentra en forma de amonio y éste se utiliza continuamente mientras el árbol está en actividad, por lo tanto, no hay acumulación de amonio.  Sin embargo, si el metabolismo del árbol se detiene por algún motivo, el amonio se empieza a acumular, y a partir de ciertos niveles comienza a ser tóxico.  Entonces, el árbol para disminuir los niveles tóxicos de amonio, sintetiza arginina y comienza a producir cadenas de poliamina (cadenas de aminoácidos).  Dentro de las aminas, se ha determinado que la putresina es la sustancia que determinaría la inducción de una yema.  Las giberelinas estarían modulando la expresión de esta inducción en cítricos: niveles bajos de giberelinas endógena permite que la inducción se exprese, y si los niveles son altos se produce un efecto inhibitorio de la floración aunque haya existido inducción en las yemas.

 

De hecho, pequeñas cantidades de giberelinas aplicadas en cítricos, inhibe completamente la formación floral sin afectar la longitud de los brotes del flush de crecimiento primaveral, lo que negaría la hipótesis de que las giberelinas reprimen la floración por la desviación de los recursos al crecimiento vegetativo (MONSELISE, 1985).

 

la reducción de la floración observada después de aplicaciones de ácido giberélico se debe a una reducción en el número de yemas que brotan, siendo las yemas que producen brotes generativos las más sensibles, no afectándose el número de brotes vegetativos, salvo en casos extremos (GUARDIOLA, 1981; GARCIA-LUIS et al., 1986).  Según GUARDIOLA et al. (1982) las giberelinas no afectan el número de flores formadas en cada inflorescencia, sino que es un efecto del “todo o nada” sobre la brotación de las yemas, lo que contrasta con el efecto cuantitativo sobre la floración a nivel de árbol.  Esta diferencia se debe a que las yemas presentan una sensibilidad diferencial al ácido giberélico, que depende de su condición interna, lo que tendría un efecto regulador de la floración (GUARDIOLA, 1981; GUARDIOLA et al., 1982).

 

SALAZAR y lovatt (1997), experimentaron con aplicaciones de GA3 en palto del cultivar Hass probando diferentes dosis y fechas de aplicación, bajo las condiciones de California, U.S.A.  Señalan que los tratamientos con GA3 producen una brotación y crecimiento temprano del brote.  Aplicaciones realizadas antes de la iniciación floral dieron como resultado la producción de brotes vegetativos.  Aplicaciones de GA3 temprano en el desarrollo de la inflorescencia dieron como resultado el crecimiento de inflorescencias parcialmente formadas, faltando algunos ejes secundarios y con un reducido número de flores por inflorescencia.  La precocidad en el desarrollo de las inflorescencias fue incrementada con el aumento en las concentraciones de GA3 (50 a 1000 mg/l).  Sin embargo, con concentraciones de 1000 mg/l aplicado en noviembre, diciembre o enero causó una marcada elongación de los ejes de la inflorescencia, lo cual apareció muy débil para soportar la cuaja.

 

Según Salazar, (1997)* esta hormona no solo controla el crecimiento vegetativo y reproductivo, sino que además, en aplicaciones tardías en el estado de elongación de ejes secundarios de la panícula incrementa el desarrollo precoz del brote vegetativo de inflorescencias indeterminadas, uniforma floración, incrementa tamaño del fruto, y además retarda el ennegrecimiento de la epidermis del fruto cosechado tardíamente.  Además se reporta que las aplicaciones tempranas son las más exitosas para reducir la intensidad de la floración y manipular el amarre de los frutos.  Un efecto adicional del ácido giberélico es que hasta cierto punto es una herramienta para reducir la alternancia productiva, llegando a reducirla en un 50% en los ensayos realizados en California.

 

- Citocininas: en general, el efecto de la citocinina sobre la inducción floral no está claro, ya que las citocininas exógenas causan promoción e inhibición de la iniciación floral en una gran diversidad de especies, aunque los efectos promotores son muchos más frecuentes que los inhibidores (BERNIER, 1988).

 

LUCKWILL (1970), citado por BUBAN y FAUST (1982) señala que no existe evidencia suficiente para involucrar directamente a las citocininas en la iniciación floral del manzano.

 

El efecto de las citocininas es a menudo dependiente de la presencia de otros reguladores del crecimiento (BERNIER, 1988).

 

- Auxinas: en manzano, las auxinas endógenas parecen tener un efecto indirecto pero favorable sobre la iniciación de la yema floral al principio de la estación de crecimiento (BUBAN y FAUST, 1982).

 

ZEEVART (1976) señala que el ácido indol acético tiene un efecto dual sobre la formación floral en Chenopodium: cuando es aplicado durante la inducción inhibe la floración y cuando es suministrado como un tratamiento postinductivo estimula la formación floral.

 

- Etileno: ZEEVART (1976) indica que esta hormona gaseosa estimula la iniciación floral en manzano y mango.  Sin embargo, en la mayoría de las otras plantas estudiadas el etileno ejerce un efecto inhibitorio sobre la formación floral.

 

Según BUBAN y FAUST (1982), en manzano doblando a la posición horizontal o podando en verano, se aumenta la producción de etileno y ambos métodos inducen yemas florales.  También los reguladores de crecimiento exógenos que tienen efectos similares a las auxinas, promoverían el etileno.

 

- Acido abscísico: la conección entre inhibidores endógenos de crecimiento, como el ABA, e iniciación floral aún no está clara (BUBAN y FAUST, 1982).

 

No obstante, en plantas fotoperiódicas el ABA no parece ser un factor determinante en la transición floral, excepto quizas en algunas especies (BERNIER, 1988).

 

2.7.2.2. Relación carbono-nitrógeno

 

Según COUTANCEAU (1964) señala que un valor alto de la relación carbono-nitrógeno es uno de los factores determinantes de la floración, por lo tanto, cualquier aporte excesivo de nitrógeno antes de la época de diferenciación de botones florales puede reducir o anular la formación de éstos, sobre todo en árboles que empiezan a producir.

 

Por otra parte, la formación de órganos florales se efectúa a expensas de los nutrientes transferidos a los meristemas florales, en consecuencia, los órganos no se desarrollan adecuadamente si el abastecimiento de nutrientes, tanto carbohidratos como nitrogenados no es óptimo.

 

2.7.2.3. Actividad vegetativa:

 

RAZETO (1992) señala que la inducción y diferenciación de yemas florales es dependiente de la existencia de hojas, puesto que son las proveedoras del estímulo necesario para la formación de las estructuras florales, el cual correspondería a una hormona hipotética denominada florígeno.

 

Por otro lado, la formación de la yema floral misma es un proceso de crecimiento, siendo el crecimiento vegetativo el que otorga las sustancias necesarias para la actividad organogenética (BUBAN y FAUST, 1982).  Por lo tanto, cualquier factor que cause descenso de la fotosíntesis afecta la formación de yemas florales.  La falta de luz, la clorosis en las hojas, la presencia de áreas necrosadas, los daños parasitarios que comprometen el mesófilo pueden ser todas causa de bajas en la floración (RAZETO, 1992).

 

Sin embargo, a pesar que uno de los requisitos para la formación de la yema floral es una adecuada área foliar, un excesivo crecimiento vegetativo baja el número de yemas florales (BUBAN y FAUST, 1982).